Por eso, a los que creen que nuestro sector está en crisis, quiero advertirles que se avecinan tiempos peores. Para los que aún no se han puesto al día, la verdadera crisis todavía no ha comenzado. Si no quieren verse abocados a un estrepitoso fracaso, nuestras oficinas, nuestros despachos, tendrán que sufrir el cambio que años atrás han sufrido las fábricas. Hay que ponerse al día. Hay que adaptarse a los tiempos. Hay que comenzar de una vez a olvidarse de un trabajo para toda la vida.
Hace unos años nos parecía cosa de ilusos. Pero el mundo se va globalizando a pasos agigantados. Y hoy la herramienta de internet es imprescindible en todos los campos (en el joyero también). Los que han comenzado a sacarle partido, pueden dar fe de esta afirmación. Muchas fronteras han desaparecido. Y otras muchas desaparecen cada día. Sólo nos queda adaptarnos al mundo digital. Es la herramienta más apropiada y la que nos va a traer múltiples y variados motivos de optimismo. La fuerza digital es permisiva y armonizadora, es global y descentralizadora.
Siempre se ha dicho que el tiempo es oro. Pues bien, con internet es aún mayor la fuerza de este dicho, porque aquí las cosas funcionan con un clic al instante. Las empresas del futuro serán las que sepan sacar partido a este dicho, las que sepan utilizar mejor este instrumento.
Todo está y será diferente. Comercialmente seremos más grandes, pero necesitaremos controles más pequeños y segmentados. Lo que antes era imposible hoy ya es viable. Internet lo hace posible. Internet lo pone a nuestro alcance.
Se suele afirmar que son los optimistas los que transforman el mundo. Analizan la realidad, ven su lado positivo y ponen los medios adecuados para levantar el vuelo. Los pesimistas, en cambio, se limitan a ser meros espectadores. Como la realidad que contemplan les asusta -sólo ven en ella los aspectos negativos- , se encogen sobre sí mismos, se ponen a la defensiva y terminan siendo devorados por la vorágine cambiante de la historia.
Ésta y no otra es la razón por la que comenzaba diciendo que, aunque soy optimista, soy y quiero seguir siendo realista también. Optimismo y realismo no son términos opuestos. Son y deben ser complementarios. La "inclinación a ver y juzgar las cosas desde su aspecto más favorable", no nos debe impedir "ver y analizar la realidad tal como es". De lo contrario estaríamos navegando a la deriva.
Pedro Pérez, gerente de Grupo Duplex
Contraste deEnero