Sentimientos y recuerdos que, si los sabemos personalizar en nuestra propia existencia diaria, nos transmiten fuerzas para proyectarnos hacia un mañana mejor ¿Quién no se acuerda de su tiempo en la escuela? ¿Quién de nosotros no se deleitó en su niñez y en la adolescencia leyendo esas narraciones cortas, llamadas fábulas? Pues bien, Esopo subraya en una de sus famosísimas fábulas la importancia que tiene nuestro trabajo. ¿Quieres que la recordemos ahora aquí juntos? Más o menos, dice así:
Resulta que un granjero estaba a punto de morir. Y, antes de abandonar este mundo, decidió comunicar a sus hijos un importante secreto. Los llamó y les dijo:
-Hijos míos, voy a morir dentro de muy poco. Por eso os quiero confiar ahora un secreto muy importante. Debéis saber que en mi viñedo hay un tesoro oculto. Cavad en la viña y lo encontraréis.
A los pocos días el padre falleció. Una vez finalizados los ritos funerarios, los hijos se dispusieron a buscar el tesoro que supuestamente estaba enterrado en la viña. Fueron rápidamente, empuñaron la azada y el rastrillo, y removieron una y otra vez el terreno. Pero, por más que lo intentaron, no encontraron nada.
Tristes y desilusionados, regresaron a casa y siguieron su vida dedicados a las tareas de siempre. Sin embargo, las viñas, con la tierra removida, produjeron una cosecha como jamás se había visto en aquella comarca.
La moraleja era y es fácil de encontrar: “No hay tesoro sin esfuerzo”. “No hay triunfo sin trabajo”. “El que algo quiere, algo le cuesta”. Éstas y otras expresiones similares vienen a indicar una realidad que no tiene vuelta de hoja. Se suele decir que “todo esfuerzo es un éxito”. ¿Por qué? Porque nunca hay esfuerzos inútiles. Porque el esfuerzo es siempre productivo. Porque los éxitos no brotan por generación espontánea… Ya lo decía Cervantes: “No se cogen las truchas con las bragas enjutas”.
Capital sin quiebras
Otro fabulista, Jean de la Fontaine, afirmó que el trabajo es el único capital que no está sujeto a quiebras. El trabajo lleva en sí mismo su propia recompensa. Se trata de una recompensa misteriosa pero muy real.
La persona que trabaja con cabeza y corazón, que desempeña su tarea a conciencia, nunca se sentirá desgraciada. Podrá alcanzar más o menos éxitos. Podrá, incluso, sufrir fracasos estrepitosos. Pero nunca experimentará el vacío existencial. Siempre encontrará fuerzas para seguir en la brecha y emprender nuevos rumbos. ¿No dicen que el aburrimiento y el fracaso han entrado en el mundo por la puerta de la pereza?
Por eso el trabajo y esfuerzo deben ser una constante en nuestra vida. Sin ellos estamos condenados al más estrepitoso de los fracasos. El trabajo y el esfuerzo no solo constituyen un antídoto contra la resignación y el aburrimiento. Unidos al tesón y a la constancia, son capaces de vencer esa apática resignación que tantas veces se apodera de nosotros.
No esperemos, pues, que vengan otros a sacarnos las castañas del fuego. Pongamos los medios a nuestro alcance. Y sólo después de comprometernos seriamente a trabajar sin descanso, recurramos también a papá Noel y a los Reyes Magos en busca de éxitos.
Pedro Pérez, gerente del Grupo Duplex
Contraste de Diciembre